el rayo
casi siento la curvatura de la tierra, no entiendo? que es eso que atravieza el infinito...? Tiene luz!, tiene astillas, es como una raiz, o como una remolacha? Quiza son muchas hormigas obreras, uno arriba de la otra contruyendo puentes entre la ionosfera y los rectangulos verdes? Es como una cascada, los extraterrestes bajan a la tierra por ahi, es como su escalera, o quiza, si te atrapa, podes viajar mas alla de la velocidad de la luz ... bueno, no se, pero si fueses asi, porque grita?, porque hace ese ruido horible antes de aparecer, apesta, quiza es para que los niños se asusten,para que venga el kuko de una vez por todas, como cuando ocurre un accidente acuatico, primero las mujeres y los niños? yo soy mujer, deberia asustarme? pero ni loca estaria aca en medio del la nada esperando la escalera de dios? Una cascada de electornes y fotones con sombreritos amarillos, o una supernoba que estallo en mil pedazos en algun lugar del universo y de repente manda un mensaje en un botella en forma de luz? o es que le cielo tiene grietas, y nada mas, si, grietas como un escenario..., y cuando corres la cortina esta el señor titiretero mirandonos de reojo,o como un papel tapiz con puntitos blancos y amarrilos, o una diosa montada sobre un guardián alado en una carroza ataviada con un vestido de lentejuelas. si miro para arriba solamente? si me olvido de mis pies?
11:00
En su primera cita a ciegas, Rodolfo Espíndola no estuvo tan suelto como en las siguientes. Le había tocado en suerte una mujer bonita, con ojos color almendra, pechos de miel, modales finos y un vocabulario de lo más extenso. Rodolfo la miraba como se mira a un animal en el zoológico, con algo de admiración y con algo de pena. Cavilaba para sus adentros: "la lambería toda". Sin embargo, lo único que se le oyó repetir como un loro todo a lo largo de esa noche fue: "desde luego, desde luego". La mujer lo despachó pronto y con buenos modos, a tal punto que a Rodolfo ni siquiera le pareció sentir el rechazo. Acusó el impacto a la mañana siguiente, con la taza de café tibio entre las manos y un cigarrillo negro puesto como una birome detrás de la oreja. A punto estuvo de caer en un pozo depresivo del que no hubiera podido salir ni con una grúa, pero Rodolfo Espíndola atinó a coger el tubo del teléfono y discar el número de su amigo Enrique, alias Quiquerno, para que le arreglara una nueva cita -de ser posible, esa misma noche- con alguna entrañable desconocida.
10:59
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